Çatal Höyük

por Carmen

Çatal Höyük

Conocido como el conjunto urbano más grande y mejor preservado de la época neolítica de Oriente Próximo, esta ciudad que llegó a ocupar 13 hectáreas de terreno se encontraba al sur de la península de Anatolia, cercana a la actual ciudad de Konya, a menos de 150 Km del volcán Hasan Dag.

Por su situación cercana al río Çarsamba (el cual fluía entre los dos montículos que formaban el conjunto urbano), las condiciones del terreno, de arcilla aluvial, propiciaron el desarrollo de una precoz agricultura. A su vez, este material sirvió de base para la construcción de las viviendas: de hecho, a consecuencia de un incendio alrededor del 5700 a. C. el poblado fue abandonado; sin embargo, se conservan paredes de hasta tres metros de altura, resultado de haberse cocido el adobe. Es a partir de esta época cuando sus habitantes, cerca de 10.000, lo abandonan.

Aunque hasta el momento no se ha probado la existencia de edificaciones de carácter público, el hecho de que las mejores pinturas se hallasen en los edificios de mayores dimensiones hace pensar que estas fuesen construcciones de carácter ritual. En resto de ellas son de tipo rectangular, adosadas y sin lugares de paso entre ellas, accediendo a las mismas por cubierta, la cual se realiza mediante vigas de madera y barro apisonado sobre esteras vegetales. El acceso a las mismas también servía como fuente de ventilación, y sus paredes exteriores, sin aberturas, configuraban una especie de muralla defensiva. Por otra parte, mientras que los interiores descubiertos no han mostrado la existencia de deshechos, no se puede decir lo mismo del exterior: estos contienen aguas residuales, restos de comida e importantes cantidades de ceniza vegetal.

Como lugar de reunión, se puede considerar la presencia de las terrazas, usadas con toda probabilidad durante las épocas de clima favorable, y las cuales configurarían un espacio similar a una plaza. En épocas posteriores, en estas plazas se contruyeron hornos comunales.

Con el paso de los siglos, las casas se renovaron mediante demoliciones parciales y reconstrucciones, asentadas en unos cimientos de escombros, lo que iba provocando el crecimiento paulatino de la colina, llegando incluso hasta 18 niveles de capas.

Incluido desde el año 2012 en la lista del Patrimonio de la Humanidad, este asentamiento fue descubierto a finales de la década de 1950- principios de los 60. Aunque inicialmente las excavaciones se suspendieron por un escándalo que implicaba a James Mellaart, principal responsable de los trabajos, se retomaron de nuevo en 1993: dirigidas esta vez por el arqueólogo postprocesual Ian Hodder, discípulo del anterior, su método de trabajo se basaba en la interpretación subjetiva de los datos arqueológicos, teniendo asimismo en cuenta la estadística aplicada.

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