Valdemaqueda y la señora Aguirre

Valdemaqueda

Esperanza Aguirre ha manifestado, después de asombrarse ante la “fealdad” del edificio que acoge la sede del Ayuntamiento de Valdemaqueda, que a los arquitectos “habría que matarlos”, para a continuación añadir que “habría que implantar de nuevo la pena de muerte, porque los crímenes de los arquitectos perduran más que su propia vida”.

Cuando personalidades públicas que nos representan emiten semejantes atrocidades, todo queda dicho. No sólo ha faltado al respeto al trabajo de unos grandes profesionales como son Ángela García de Paredes e Ignacio Pedrosa, erigidos a lo más alto de la arquitectura española por méritos propios. También lo ha hecho al jurado del concurso, al colectivo de Arquitectos y a la Cultura en general.

Al leer o escuchar declaraciones de este tipo, lo único que a muchos nos viene a la cabeza no es a dónde vamos, sino cuánto más vamos a retroceder. Cualquiera con un mínimo de sensibilidad artística no verá por ningún lado la monstruosidad arquitectónica que ella asegura que es este edificio, sino armonía, proporción y funcionalidad. Por no hablar de belleza, absoluta belleza. Cualquiera con un mínimo de conocimientos no se atrevería a criticar aquello que desconoce. Y cualquiera con un mínimo de educación no pronunciaría las palabras que ella pronunció. Aunque, por otra parte, si su ideal de belleza y de progreso urbanístico está en EuroVegas, poco queda ya por decir.

Un edificio no es sólo fachada, señora Aguirre. Es investigación, esfuerzo, inquietud y trabajo. Son muchas noches sin dormir intentando dar con la solución idónea para el lugar, con aquello que mejore la vida de los que lo van a utilizar. Son largas temporadas en obra junto con decenas de profesionales, peleando para hacer surgir de la nada una idea gestada durante meses, y levantarla cuando parece que ya todo está perdido. Tanto trabajo no merece que alguien que ha demostrado con sus declaraciones su calidad como persona lo desmerezca con sus exabruptos y sus groserías. Señora Aguirre, por el bien de la Cultura y del Arte, por favor, dimita.

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