El Arte del Urbanismo

Un recorrido por la historia de las ciudades

Mes: febrero, 2012

Hipodamo de Mileto

Plano Hipodámico

Ya en el siglo V a.C., los más notables arquitectos pretendían dejar su impronta no sólo en los monumentos, sino en ciudades enteras. Un buen ejemplo es Hipodamo quien, después de reformar El Pireo, realizó la planimetría de Rodas y de Mileto.

Por aquel entonces, en la Grecia Clásica muchas ciudades crecían de forma desordenada conforme lo hacía la población. El surgimiento de nuevos núcleos urbanos como consecuencia de la colonización, propició la creación de un sistema de trazado con base geométrica, usado ya en el siglo VIII a.C. en Mégara Hiblea. Ya después, a lo largo del siglo V a.C., en el territorio griego se desarrollaron ciudades que seguirían la planificación y las teorías propuestas por Hipodamo, pese a que no fue hasta la llegada de los planificadores romanos cuando estas se hicieron más conocidas.

Considerado por muchos el primer teórico urbanista, la funcionalidad resultante de aplicar al territorio los principios pitagóricos se muestra en la sencillez de sus diseños, representaciones de una lógica y un ideal –o tal vez la búsqueda del mismo- que eran el más fiel reflejo de la época. Sin embargo, la importancia simbólica de este trazado se ve mermada al primar este aspecto, pues como afirma Norberg Schulz, “el espacio griego fue, más bien, un instrumento práctico para facilitar la planificación y la construcción de nuevas colonias, y como tal su función simbólica no superó la definición de un armazón ‘neutral’, común a todos los ciudadanos de una ‘ciudad estado’ democrática”.

+INFORMACIÓN:

Los conceptos asimilados por Hipodamo de Mileto para su ciudad ideal. Cervera Vera, Luis. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, número 64.

Alrededor de Hipodamo de Mileto. Comentarios sobre la trilogía de Luis Cervera Vera. Moya Blanco, Luis. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, número 67.

Arquitectura Occidental. Norberg Schulz, Christian. Barcelona, Gustavo Gili, 1999.

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Monte Verde

Como asentamiento clave en la época paleolítica, es destacable Monte Verde, al sur de Chile, en el cual las viviendas eran similares a las chozas de los indígenas norteamericanos, consistentes en cueros de animales sujetos sobre troncos anclados en la tierra, y atado todo ello con cuerdas de hierbas y juncos. Su hallazgo en la década de los 70 supuso una reconsideración de las teorías de población del continente americano, pasando de hablar del “poblamiento tardío” a “poblamiento temprano”, pues es el primer lugar habitado americano del que se tiene conocimiento.

+INFORMACIÓN:

Reescribiendo la Historia: Monte Verde

Asentamientos en el Paleolítico Medio y Superior

Avanzando hacia el Paleolítico Medio, se distinguen tres modalidades de hábitat: cuevas, abrigos rocosos y campamentos al aire libre, de modo similar a la etapa anterior, pero ya con mayor cantidad de asentamientos y con zonas de enterramientos.

Sin embargo, y ya en el Paleolítico Superior, los cambios sociales en lo que se refiere a las relaciones grupales llevaron a una intensificación de las “relaciones logísticas”, como lo define C. Gambre en su obra El poblamiento paleolítico de Europa (Editorial Crítica, Barcelona, 1990). Según este autor, esto tuvo como consecuencia “el incremento masivo tanto de los sistemas espaciales como sociales a medida que iban empeorando las condiciones de los recursos. La impronta de asentamiento pasa a ser ahora una imagen de grano extremadamente grueso, y aparecen indicios de lugares dedicados a unas tareas específicas. Hay una continuidad de asentamiento en las regiones SO y NE, así como en la provincia mediterránea cogida en el momento culminante de la última glaciación, el 18.000 AP. Puede reconocerse esta intensificación en la primera explotación sistemática de recursos de selección, así como en las pautas de contacto interregional. Por otra parte, ello ocasionó también la densa compresión de las poblaciones dentro de pequeñas áreas geográficas donde estos recursos de selección serían la base de las estrategias de organización de la subsistencia, lo cual obligó a los consiguientes cambios tecnológicos. En aquel entonces, en Europa habría habido un variado mosaico de sociedades, densidades distintas de población, redes de intercambio, competencia y estrategias de subsistencia”.

En esta época, pues, la tecnología habría avanzado de tal modo en lo referente a la construcción que se habrían conseguido gran diversidad de tipologías habitacionales para dar respuesta a los distintos paisajes y climas. Las cuevas se seguirían utilizando allá donde éstas estuviesen, pero eran más comunes los asentamientos al aire libre, más que nada porque en muchos lugares eran los únicos medios de refugiarse. Eran lugar de habitación y de enterramiento, también de cultos y ritos. El arte rupestre y el arte mueble la convirtieron en un santuario lleno de símbolos, en donde se encontraban unas áreas de actividades bien definidas, centradas en el vestíbulo: hogares, diversos talleres, chozas-dormitorios interiores, zonas de enterramientos, áreas sagradas para ceremonias, piletas naturales para el agua… y en el exterior pozos para conservar alimentos, zonas para trabajar y secar pieles, tendederos, áreas de descuartizamiento, fuegos de protección nocturna y chozas de estación cálida.

En las cuevas, en las que pocas veces los pobladores penetraron hasta sus profundidades, se construían muros de protección y cerramiento. Además de ello, el espacio interior, enlosado y pavimentado, se organizaba para la vida de comunidad, perviviendo hasta la actualidad las numerosas obras de arte en forma de utensilios cotidianos o singular arte rupestre.

+INFORMACIÓN:

Cuevas, abrigos y refugios

Bourdeilles raconté par ses habitants

C. Gambre: El poblamiento paleolítico de Europa (Editorial Crítica, Barcelona, 1990)